No hay ocasión en la que el vino no tenga razón de estar. ¿Hace frío? Una copa de tinto potente es genial. Media estación, rosados gloriosos y de frescura. Verano, blancos chispeantes. En eso no hay ninguna novedad. Hay, sin embargo, una nueva gama de tintos en la góndola pensados y desarrollados para beber cuando hace calor, contrariamente a lo que dicta el sentido común.

La tendencia es incipiente pero augura un buen desempeño. Hay algunos indicios de cambio que vale la pena observar. Recientemente tres marcas lanzaron tintos para beber más bien frescos, cuando no fríos: 140 Caracteres Cabernet Sauvignon 2016, Jijiji 2015 y el flamante Santa Julia Tintillo 2016. Cada uno a su manera, recoge la tradición ibérica de ofrecer tintos fríos, algo que en nuestro país está fuera del radar aún y sobre lo que Diane Keaton –sí, la actriz–llamó la atención recientemente en Estados Unidos, cuando lazó su tinto para beber con hielo, llamado The Keaton.

¿Tintos para beber fríos?

Técnicamente los tintos no se beben fríos. Pero sucede que al decir “los tintos” estamos diciendo algo así como “los mamíferos”: un grupo en el que pueden haber desde elefantes hasta ballenas, gatos y musarañas. Y el problema, claro está, es que no resultan nada parecidos los tintos potentes de estilo burdeos, con madurez, fruta y madera a los ligeros tipo borgoña, sueltos de andar, frutados y joviales. Entre ellos, hay todo un zoológico –para seguir con el ejemplo– de estilos posibles. Y esos estilos, los más frescos, son los indicados para beber fríos o refrescados.

El truco es el siguiente: los tintos que están estructurados en torno a la frescura, que al mismo tiempo no ofrecen taninos, ni madera, fríos apuntalan esa sensación central, porque al bajarles la temperatura se realza la sensación de acidez. Los tintos potentes y de crianza, en cambio, están pensados de otra manera. En ellos la estructura es clave. Y si se los bebe fríos, lo que sucede es que se sobre exagera el andamiaje de taninos y el vino se vuelve duro, incómodo de beber, cuando no ya secante.

De modo que la nueva corriente de tintos fríos supone, al mismo tiempo, un cambio de estilo y de situación de consumo. De estilo, porque van por la vía de la ligereza y la soltura. De situación de consumo, en cambio, porque se beben mejor a la sombra o en el marco de una pileta, con comidas ligeras y picadas, o bien con gastronomía veraniega que va desde un gazpacho a un arrollado de pollo.

Otros tintos ligeros

El triunfo de la ligereza no es menester exclusivo de los nuevos vinos lanzados, como Tintillo, un típico blend de Malbec y Bonarda elaborado en un estilo liviano. Variedades como Pinot Noir, por ejemplo, resultan perfectos para beber en ese plan, precisamente porque pivotan en torno a la frescura, como sucede con Saurus Pinot Noir 2015 y La Poderosa Pinot Noir 2015, o el más sobrio Mara Pinot Noir 2014.

Pero hay otras variedades que, si están elaboradas en plan suelto, también funcionan. Es el caso de Bonarda, cuyos ejemplares de zonas frías ofrecen el combo perfecto de ligereza y frescura, como sucede con Colonia Las Liebres Bonarda 2015, Cara Sur Bonarda 2015 o Vía Revolucionaria Bonarda 2015.Tres tintos que ya llevan un par de vendimias en el mercado y son también ejemplos perfectos de tintos veraniegos, aunque no fueron promocionados de esa manera.

Cuestión de estilo

Esta nueva variante de tintos ligeros, plantea al mismo tiempo otro dilema de viejo calado en el mundo del vino: el estilo versus la variedad y el terroir. Mientras que la variedad y la región, son variables duras que determinan en buena medida el tipo de vino que se puede elaborar, las decisiones de los enólogos, en cambio, tuercen el rumbo de lo que la naturaleza determina.

Así, por ejemplo, en el caso de las Bonarda recién mencionadas, o en el de Tintillo, 140 Caracteres o Jijiji, lo que sucede justamente es que las bodegas buscaron uvas y regiones en las que el estilo suelto y fresco es posible sin hacer grandes esfuerzo, y emplearon técnicas para potenciarlos: desde maceraciones carbónicas a esquemas cerrados de fermentación. Y así, una nueva variante de tintos livianos se avizora en el mercado. La razón para que esto suceda es difícil de explicar. Podemos intuir, en cambio, que se trata de un nuevo paradigma de consumo un poco reactivo, o mejor dicho, en respuesta a las exageraciones de otro tiempo.

Lo bueno es que los estilos profundos y robustos no desaparecen, sino que se reservan para situaciones de consumo más sofisticadas. De lo que se trata, en todo caso, es de elegir el estilo que a uno le gusta y de entender qué lo produce o dónde se lo cultiva.