Es una flor y es comestible. Hoja a hoja, y con un dip de aceite de oliva y limón, los alcauciles –o alcachofas, según dónde se los compre– resultan el plato de estación por excelencia. Comparten con la cerezas esa fugacidad, el deseo que generan y el precio, aunque, comprados en el corazón de la estación, no resultan  prohibitivos. Y en plan de darse un gusto o encontrar una variación al tiempo lento del hoja a hoja, los alcauciles a la romana son por lejos la forma más rica de comerlos. Anotá:

Para 4 personas

8 alcauciles
6 dientes de ajo
Hojas de perejil
Hojas de menta fresca
El jugo de limón
1 naranja
300 ml de vino blanco
100 ml de aceite de oliva
Coriandro
Laurel
Sal
Pimienta en grano

Cómo hacerlos

Retirar las hojas más duras, que son las exteriores, y pelar el tallo con un pelapapas. Bajo el chorro de agua fría lavarlos bien. Con un cuchillo afilado, se corta la punta del alcaucil unos 2 cm y se retira el corazón piloso del alcaucil. Reservamos el resto en agua con jugo de limón para que no se oxide.

Picar perejil, menta, ajo y mezclar con un el aceite de oliva. Luego, rociar los alcauciles ligeramente abiertos y ponerlos boca abajo en la olla. Verter el resto del preparado, sumar el vino blanco y llevar a ebullición. Bajar el fuego y esperar que el alcohol se evapore. A continuación, sumar coriandro, laurel, pimienta, el jugo de la naranja y su cascara. Completar con agua hasta cubrir todo y subir hasta que rompa el hervor, para luego tapar la olla y continuar con fuego mínimo. Cocinar por lo menos 30 minutos o hasta que los alcauciles estén blandos.

Para este plato, lo mejor son estos Sauvignon blanc.