En las Colinas de Garzón, Uruguay, y a 18 kilómetros del océano Altántico, el empresario argentino Alejandro Bulgheroni acaba de realizar su sueño: una bodega incrustada en la roca, cuya vista balconea sobre unas más de doscientas hectáreas de viñedos en un prolijo y ondulado mosaico.
Entre las bodegas del mundo esta nueva casa uruguaya es única en su especie. No sólo por su escala y estética, sino por la envergadura del proyecto. Con la contratación de Alberto Antinini, enólogo y consultor italiano, en 2007 largó la plantación de las 220 hectáreas de viñedos que tiene por protagonistas al Tannat y al Albariño. Plantaron entre 30 y 80 hectáreas por año, lo que implica un total de hasta 400 mil plantas por temporada. Como recordó el empresario durante la inauguración, “cuando empezamos a trabajar con Antonini él aseguró que sería posible, que tomaría muchos años pero que sería posible hacer vinos en esta región. Yo lo miré y le dije: tengo poco más de sesenta años, no tengo mucho tiempo que esperar. Lo hacemos si es posible en menos de una década. Y acá estamos”, sonrió con orgullo.
Así, el ingeniero, como llaman sus allegados a Bulgheroni, inyectó dinero y energía en la construcción de una de las casas más destacadas del mundo. Comparable con lo más granado de Napa Valley, la bodega de Garzón conjuga arquitectura y modernidad enológica, con planificación en el desarrollo de viñedos y variabilidad climática y de suelos.
Los cultivos están plantados sobre ganito meteorizado, lo que garantiza el buen drenaje en una zona lluviosa como son los colinas aledañas a Punta del Este. Al mismo tiempo, las pendientes y exposiciones de las laderas asegunran muchos microterroir que están en pleno estudio, a razon de 1150 parcelas. Alberto Antonini dijo durante la inauguración: “plantamos con el mayor detalle posible y aprendimos de nuestros propios errores en el proceso; estos viñedos son, al mismo tiempo, un terroir diverso y un mundo enfocado en la calidad como nunca antes vimos”. El foco está puesto en las variedades Tannat, que cubre el 35% de la superficie, y Albariño, con el 16%, pero hay plantadas una docena en total entre Caladoc, Pinot noir, Viognier, Pinot Gris por citar solo algunas.
La nueva bodega tiene una capacidad instalada de 2,2 millones de litros, con toda la tecnología imaginable: desde tanques de acero inoxidable a huevos de hormigón con losa radiante, pasando por un sistema de pipping a toda escala. Al mismo tiempo ofrece un restaurante con 120 plazas. Lo mejor, la terraza, bien refrescada por la birsa oceánica y con una dilatada vista sobre el hermoso paisaje ondulado del Uruguay. En eso, la arquitectura del estudio Bormida y Yanzón ofrece también un plato fuerte para también degustar con los ojos.
Lista para recibir visitas, conviene hacer antes reserva previa. Quienes estén por la costa esteña ahora tienen un nuevo lugar para visitar. Más en este link.