El miedo al ridículo es una de las barreras más difíciles de salvar frente a una botella de vino. Miedo a quedar expuesto frente a los demás, que saben o presumen saber, que lleva al consumidor a temer preguntar para no quedar expuesto como un perejil e incluso, más soso aún, a elegir una gaseosa con tal de no exponerse frente al resto. Para salir de este sin sentido, planteamos algunas de las preguntas que todo consumidor se hace algunas vez y a muchas más no se atreve a preguntar. Para que la próxima, frente al mismo miedo al ridículo, no se pierda la copa que desea sólo por sentir que no se pertenece.

¿Es importante la forma de la botella para el sabor del vino? Claramente no. Sin embargo, a lo largo de la historia, cada región desarrolló la suya por una razón. La burdeos, porque los hombros retienen las borras (si las hay) a la hora del servicio. La borgoña, con forma de largo embudo, porque ayuda a servir el vino. Las caramañolas porque imitan viejas botellas del pasado.

¿Para qué sirve la cápsula? No tapa al vino ni le aporta ninguna característica. Sin embargo, cumple un rol decisivo: evita que las gotas del pico se deslicen hasta el mantel. Para funcione hay que cortarla justo debajo del escalón que lleva el pico de la botella. Por lo demás, es un lindo detalle estético.

¿Cuál es el mejor vino? Es la primera pregunta el consumidor le formula a un experto ni bien se cruza con uno. Y el experto, si es honesto, proyecta su labio inferior en claro gesto de yo qué sé. Es la verdad: en materia de juicios de valor, hay muchas excelentes botellas, casi tantas como bebedores, por lo que cualquier opinión debiera ser válida. Y eso es bueno saberlo.

Cuál es más suave, ¿Malbec o Cabernet? Clásica, esta pregunta surge cuando el consumidor tiene ya alguna experiencia. Porque se da cuenta hay vinos que le resultan duros y otros flojos. Enfocado así, es difícil dar una respuesta concreta. En cualquier caso, hay más cabernet rústicos y potentes que Malbec.

¿Un blend es un vino multifruta? Sí y no. Lo es porque combina más de una uva y en eso se le parece. No lo es porque la idea es que la combinación ofrezca un nuevo carácter y no un rejunte de descartes. De ahí que un blend es un buen vino y no uno de segunda, como sugiere el concepto multifruta.

¿El vino engorda? Toda vez el cinturón aprieta uno tacha de la lista a los enemigos de la silueta. Ahí es cuando el vino entra en área de sombra: ¿cuántas calorías aporta? Puestos a comparar una copa de tinto ofrece 90 calorías, una de blanco 70 y una de dulce hasta 200. Para tener en cuenta, un alfajor triple asciende hasta 450 calorías.

¿Para qué lleva el año a la etiqueta? Parece una pregunta tonta, pero no lo es. Indica el año en que la uva fue cosechada. Y eso permite saber la edad exacta del vino a diferencia de, por ejemplo, el whisky, cuyo año remite al más joven de los componentes del blend. Además, ayuda a distinguir los buenos de los malos años, algo que puede hacer variar el precio con los años.

¿Por qué los vinos ricos son más caros? Porque son escasos. Y si a uno le gusta el buen vino, es porque también le gusta a mucha gente. De ahí que si hay pocas botellas su precio aumenta. Por supuesto que hay vino inflados en precio y otros subvaluados. En eso cuenta la reputación. Y sobre una reputación se pueden decir muchas cosas.

¿El vino tiene vencimiento? No. Sucede que evoluciona en la botella, como una sustancia viva, hasta que pierde todo su carácter. Cosa que sucede, según el vino, a contar de los 10 o más años. Conocer ese potencial de vida es un dato de prestigio, tanto para el vino como para lucirse como conocedor.

¿Por qué el champagne sube rápido a la cabeza? Habría que reformular esta pregunta: ¿por qué uno bebe más rápido el champange que otros vinos? No hay razón técnica, más allá de que se bebe más y más rápido, que pueda explicar por qué las burbujas embriagan más. El asunto es que son frescos y sabrosos y siempre se bebe en situaciones de festejo.

La yapa: ¿Qué corno son los taninos? Además de un término que da prestigio si se lo usa bien, es una sustancia que está en la uva y hace al esqueleto del vino. Algunos vinos carecen de taninos –como los blancos en general- y son pura frescura y ligereza. Otros, como los tintos, ricos en taninos, tienen una estructura sobre la que se sostiene el cuerpo voluminoso, como músculos. Son claves en el envejecimiento y en la sequedad de la boca que provocan algunos tintos jóvenes.

Joaquín Hidalgo

Esta nota fue publicada en La Mañana de Neuquén el domingo 23 de agosto de 2015

Joaquín Hidalgo
Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta en formatos y tiene una pluma capaz de desentrañar el secreto áspero del tanino o de evocar el sabor perdido de unas granadas en la infancia. Lleva más de quince años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en importantes medios nacionales, como La Nación Revista, La Mañana de Neuquén, Playboy y JOY, entre otros.