Habrás notado que cada vez más se habla de Pinot Noir. La prensa especializada, los sommeliers, los consumidores informados: todos se llenan la boca hoy con esta variedad de uva que, a simple vista, parece algo decepcionante.
Considerada la variedad de uva más sofisticada, sin embargo, el Pinot Noir conforma un universo raro y elitista en el mundo del vino. Desde la Borgoña a Oregon y de Nueva Zelanda a Chile y Argentina, da vinos ligeros en color, sutiles en matices y llenos de sabor, con una boca siempre ligera y envolvente. La fama, precisamente, viene de esa condición etérea y delicada, pero también es la razón por la cuál para la mayoría de los consumidores el Pinot Noir no pasa de un bleuf.
En Argentina está en pleno desarrollo, aunque la oferta es escasa. Con 1900 hectáreas cultivadas, las ¾ partes están en Mendoza, especialmente en el Valle de Uco. Pero si todo el mundo habla de él es porque tiene un atractivo singular: sus vinos son los más fáciles de reconocer, ya sea por su color, aromas o sabor y sobre todo, resultan una puerta de ingreso perfecta para quienes los tintos les resulten demasiado fuertes.
Cómo reconocer un buen Pinot
A la vista, es rojo ligero con matices que van de la teja al violeta. Aromáticamente, cuando es joven, ofrece frutos frescos como cerezas y frutillas mientras que en su madurez despliega notas terrosas, minerales y de hongos. Sin embargo, es en la boca donde se reconoce un buen Pinot Noir: terso, delicado y suave en su andar, destaca por la intensidad de sabor y ligereza de paso, como si se tratara de un blanco con sabor y color tinto.
La novela Noir
El Pinot está entre las uvas más antiguas cultivadas por el hombre. Incluso Columella –el romano compilador de técnicas agrícolas- da cuenta de una variedad muy similar en su tratado sobre los vinos del siglo I de la era cristiana.  El mayor aporte a su reputación, sin embargo,  se debe a los monjes de la orden de Císter, quienes la popularizaron en Borgoña, donde dieron con la fórmula para su elaboración y lo catapultaron alcanzando la fama.
Primo hermano de todos los Pinot (Blanc, Gris, Grigio, Meunier) y según estudios genéticos sería el padre del Chardonnay, a partir de un cruce con Gouais Blanc que data de la Edad Media. Este parentesco explica, al menos en parte, por qué donde hay buen Pinot Noir también hay buen Chardonnay.
A la fecha, es la décima variedad en superficie cultivada  en el mundo con unas 120 mil hectáreas; de ellas Francia atesora la mitad. El resto, está en países del nuevo mundo –Estados Unidos, por ejemplo, cubre unas 30 mil hectáreas- donde la versatilidad y sensibilidad de la variedad al terruño comienza a dar nuevos matices. Matices, hay que decir, que le dieron su lugar en el mundo a Nueva Zelanda y Chile.
Para que nos demos una idea de la locura que genera el Pinot, basta mencionar el mítico Romanee Conti, el Grand Cru de la Borgoña más famoso, que con apenas 1,8 hectáreas produce un Pinot Noir cuyas botellas se pagan hasta u$s10.000. ¿La razón? La misma que lo hace caro en casi todos los mercados: un sabor de gloria y una escasez de oferta que resulta dolorosa para su fans.
¿Cuáles son los mejores de Argentina?
Al Pinot le gustan los climas fríos. De ahí que Tupungato, en Uco,  sea hoy una de las referencias, con Gualtallary, Los Arboles y San Pablo a la cabeza, tres parajes que dan que hablar. Productores de aquí son El Zorzal Wines, Salentein, Domaine Bousquet, por citar tres ejemplos.
En Río Negro, sin dudas, es donde están los más complejos, a contar de la histórica Humberto Canale (Alto Valle) o el trabajo de Bodega Chacra (Mainqué). En Neuquén, por su parte, Familia Schroeder y Bodega del Fin del Mundo son las encargadas de darle un perfil nuevo a la variedad.
En cuanto al estilo, en Argentina hay Pinot Noir espumosos, donde destaca Escorihuela Pequeñas Producciones Rosé, el Rosa de los Vientos de Familia Schroeder o el Rosell Boher Rosé. Mientras que en tintos, hay dos vertientes. Por un lado hay ligeros y suaves, como Salentein Reserve o Zorzal Terroir Único, ambos de Tupungato, y también Manos Negras elaborado con uvas de Neuquén y hasta una curiosidad como el Alfredo Roca Fincas de San Rafael. Por otro los más potentes, como Primogénito de Bodega Patritti y Fin del Mundo Reserva, así como los mendocinos Catalpa de Bodega Atamisque y el novedoso Críos de Susana Balbo.
Para cerrar les dejamos uno de los vinos más curiosos elaborados del país, el único cosecha tardía de Pinot Noir elaborado por Familia Schroeder en Neuquén para su línea Saurus, sin dudas una gran opción para los más dulceros.
Alejandro Iglesias

Es sommelier y un consumado buscador de tesoros. Capaz de degustar cientos de vinos y de recordar del primero al último con la precisión y la agudeza de un entomólogo, conoce como nadie esos rincones del mercado a los que todos quieren llegar. Por eso elige los vinos del Club Bonvivir. Por eso escribe en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) sobre sus hallazgos o bien en importantes medios nacionales como Clase Ejecutiva, o internacionales como Decanter.