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Desde el 12 de junio al 13 de julio los hombres desaparecerán de las cocinas, los deliveries estallarán en pedidos a la hora del partido y las mesas ratonas quedarán pobladas con  migas de pelajes variopinto. Iluminadas por el destello de los televisores, la pizza fría, los palitos salados y las papas fritas ocuparán las horas mientras, con el corazón en la boca frente a un tiro libre o una jugada veloz y profunda, los espectadores del living, la pizzería y el café se atraganten de los nervios.
Nada más fácil de desatascar en la garganta que un bocado dulce que terminó en gol o ese regusto amargo de una falta mal cobrada. Porque todo, absolutamente todo, se pasa en esta vida con un trago de vino. Claro, en tiempos mundialistas, el precio y la calidad no son datos menores. Hay que conseguir los mejores vinos a tiro de bolsillo para que la tribuna improvisada frente a la tevé tenga con qué desatorarse y con qué endulzar el bueno o mal trago.
Atento a esta necesidad gastronómica, desde Vinómanos elegimos los mejores vinos para el maridaje deportivo, ese que no contempla calorías ni discrimina sabores, sino que solo se plantea la practicidad del manipuleo y la contundencia de las raciones. Estos son.
Pizza fría con rosados. La pizza fría es un clásico del departamento de soltero, eso lo sabe todo aquel que alguna vez vivió solo. Pero no por clásico está menos vigente. Pasa que pedir una muza al delivery y no acabar con sus ocho porciones es un signo de buena salud (mental y digestiva). Contra todo lo que marca el recetario nacional, la pizza va mejor con vinos. Y de todos ellos, no hay como un buen rosado frutado y fresco para hacerle la segunda. Un buen ejemplo puede ser Amalaya Rosado 2012 ($65). Bien tapado, tira tres o cuatro días en la heladera además. Así, vos te das un gusto del día después, al acabar las dos o tres porciones que dejaste dentro la caja en la heladera, ya que el sabor frutal del vino le pone un contrapunto ideal al gusto ácido y cremoso de la muza porteña.
Snacks & Syrah. Puede no haber un buen cuchillo en tu cocina, pero estamos seguros de que siempre hay snacks variados. Desde un pack de Twistos sabor jamón a una bolsa de papas fritas Lays o maníes salados Pehuamar, en toda casa que se precie de tener alguna trasnoche a la semana hay alguno de estos ingredientes. El plan perfecto –que convierte, de paso, tu snack en algo superior- es tener también un queso crema y un salame picado grueso o unas aceitunas negras. Ahí ya tenés la picada asegurada en la mesita del living, para ver el partido de Argentina. El vino, en cualquier caso, debe ser frutado y sencillo al paladar, para poder amalgamar sabores tan distintos. Como un Tracia Syrah 2012 ($35), por ejemplo, que además de ser accesible cumple sobradamente su cometido de buen gusto.
Panchitos con vino blanco  El pancho, como el sol, aunque no lo comamos siempre está. Ya que pocas comidas se preparan tan fácilmente como un panchito con mostaza. El truco para que sea un bocado superador está en estos dos puntos: uno, comprar alguna vez una salchicha ahumada –en el súper cuestan 19 pesos y rinden por 6 -; dos, tener un aderezo singular como una mostaza antigua o una de dijón que, según la marca, pagás entre 25 y 40 pesos. Para completar el combo tenés que comprar un buen vino blanco, que con los aderezos se lleva claramente mejor que cualquier tinto. Ejemplo perfecto de precio módico sería Norton Sauvignon Blanc 2012 ($38), envolvente y refrescante. Con tapa a rosca, podés además guardarlos en la heladera un par de días para el ballotage de la picada.
Napolitana con Malbec. En materia de delivery, la única carne que zafa bien es la milanesa napolitana. Te explicamos por qué: la combinación de mozzarella con salsa te tomate sirve para enmascarar cualquier aceite excedido y, de paso, esa pizca de orégano que las cubre y que engaña al paladar es todo un detalle de sabor como para dejarse deprimir por las circunstancias. Y si las papas fritas llegan húmedas, todos sabemos que un golpe de horno las revive aunque no las inmortaliza.  ¿Qué puede ser lo único que empuje la mesa a un bocado de maravilla? Claramente, un buen vino. Y uno bueno no significa caro. Por ejemplo, un Malbec de Novecento ($36), potente y carnoso. Seguro levanta el puntaje de la milanesa en varios dígitos.
Bondiolita con Cabernet. Otro clásico del hombre que está sólo, llega sobre la hora a ver el partido y no espera es parar en la parrillita del barrio y hacerse con un sándwich de bondiola de cerdo con chimichurri. Es como si en el imaginario del porteño, especialmente, el sándwich tope de gama fuera este, y en menor medida el de vacío y allá lejos, el choripán. Pero pongamos que entrás a tu casa con una bondiola suculenta que cortás en tres pedazos para poder comerla mejor. ¿Qué vino es el indicado? Los cortes de cerdo destacan por su buena grasa fundente y si hay chimi, por el picor moderado, de ahí que un tinto frutado y con taninos atemperados sea el contrapeso ideal. En esa línea, un Cabernet Sauvignon es ley. Buenos ejemplares son Latitud 33 2011 ($45), un vino jugoso, suelto y especiado; también Familia Gascón 2012 ($68), con especias evidentes, intenso y elegante. Dos tintos ideales para comprar y tener en casa para cuando saques turno en la parrilla.
Hamburguesa con tinto. La hamburguesa es un sabor infantil porque no tiene un gusto definido, sino que junta muchas puntas contrapuestas en un combo que termina por gustar más que nada por la facilidad de consumo. La tomás con las manos y le entrás a un pan blando y un alimento de textura grasosa. Dicho así parece una porquería. Pero cuando estás frente a la TV viendo el partido, que toquen el timbre y te dejen una bolsa de cartón con una hamburguesa con papas fritas es como si volvieras a ser el emperador que fuiste de niño, al que todos servían y cuidaban. Hacenos caso: no completes el plan infantil con una gaseosa. Mucho mejor es tener un vino de buen cuerpo y abundante sabor frutal, para que entre bocado y bocado barra de un plumazo el gusto soso de la hamburguesa y te deje el paladar limpio y fresco para el próximo mordisco. Exactamente así funciona Portillo Malbec 2012 ($43), un tinto que proyectará sombra adulta sobre el niño que llevás dentro.
Pasta lista con blancos. En la alacena de tu casa tenés yerba mate, Toddy, un paquete de arroz sin abrir, dos latas de tomate y un vaso de pastas Maruchan. Sí, esas pastas chinas a las que le tirás un chorro de agua hirviendo y tenés en menos de tres minutos unos fideos sabor indefinido –sean de pollo, cerdo o res- al que es más que necesario ponerle un punto de frescura, si querés que en tu vida haya algo de dignidad. Para eso, nada mejor que un buen blanco. Callia Magna Terroir  Chardonnay  20112 ($40) ofrece la frescura y el sabor frutal justos.
Joaquín Hidalgo

Joaquín Hidalgo
Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta en formatos y tiene una pluma capaz de desentrañar el secreto áspero del tanino o de evocar el sabor perdido de unas granadas en la infancia. Lleva más de quince años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en importantes medios nacionales, como La Nación Revista, La Mañana de Neuquén, Playboy y JOY, entre otros.