Rosell Boher millésimés

Rosell Boher apuesta por los espumantes millésimés: qué hay detrás de esta decisión inédita en Argentina

Referente de las burbujas argentinas de alta gama, la bodega inaugura una nueva etapa con espumantes de añada.

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En Rosell Boher reciben consultas curiosas. Son consumidores que encuentran una botella guardada desde hace cinco, seis u ocho años y quieren saber de qué cosecha es. Mandan fotografías de la etiqueta, de la contraetiqueta y hasta de la botella para que alguien en la bodega pueda identificarla. Y es que, salvo por su Rosell Boher Grande Cuvée Millésimée, esa información nunca estuvo a la vista.

La situación tiene algo de paradójico: Rosell Boher lleva 25 años elaborando sus espumantes exclusivamente con uvas de una misma cosecha, pero la mayoría de sus etiquetas no lo comunicaban.

A partir de 2026, eso cambiará. Rosell Boher anunció que todo su portfolio llevará identificado el año de vendimia, convirtiéndose en la primera bodega de Argentina en ofrecer una línea de espumantes exclusivamente millésimés.

La noticia tiene un peso particular por su trayectoria. Rosell Boher es una de las grandes referencias de los espumantes argentinos de lujo y una de las bodegas que marcaron el camino en la elaboración por método tradicional o champenoise, una especialización que contribuyó a elevar las ambiciones de calidad de las burbujas nacionales.

La decisión alcanza a Rosell Boher Encarnación, Rosell Boher Brut, Rosell Boher Rosé y Rosell Boher Grande Cuvée Millésimée. Y aunque poner una fecha en la etiqueta parece sencillo, detrás hay casi tres años de preparación y un cuarto de siglo de experiencia.

«Este proyecto lo venimos trabajando hace casi tres años, pero detrás tenemos la experiencia de 25 años elaborando estos espumantes bajo el método tradicional y profundizando el conocimiento de nuestra finca, tanto con Chardonnay como con Pinot Noir», explica Nicolás Calderón, enólogo de Rosell Boher.

Nicolás Calderón
Nicolás Calderón.

Millésimé: cuando la cosecha define al espumante

En Champagne, la mayoría de las maisons combina vinos de distintas vendimias para conseguir un perfil consistente año tras año. Los millésimés, en cambio, nacen de una única cosecha, generalmente reservada para vendimias consideradas excepcionales.

Rosell Boher eligió trasladar esa filosofía a su realidad productiva, en Los Árboles, Valle de Uco, donde trabaja con Chardonnay y Pinot Noir. Su Grande Cuvée Millésimée, presente desde 1999, fue una de las expresiones tempranas de esa búsqueda de espumantes argentinos con identidad de añada y vocación de guarda.

«Creemos que cada vendimia tiene su identidad dentro de nuestras uvas y nuestro viñedo. El conocimiento que vamos adquiriendo y la precisión en la elaboración nos permiten interpretar esa identidad en cada uno de los espumantes», explica Calderón.

Esa filosofía también supone una exigencia importante. Si una vendimia no alcanza los estándares que la bodega considera adecuados, Rosell Boher está dispuesta a prescindir de esa cosecha en alguna de sus etiquetas.

«Si una vendimia no alcanza el nivel o la calidad que buscamos, no vamos a estar forzando a que un vino responda a un perfil determinado», advierte el enólogo.

Un compromiso que ayuda a comprender el significado de esta nueva etapa.

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Tres cosechas, cuatro espumantes y una lección de viticultura

Las primeras etiquetas de esta nueva etapa permiten apreciar la precisión del trabajo de Rosell Boher y la diversidad que puede ofrecer un mismo viñedo.

Calderón considera que 2023 fue la vendimia más desafiante. Las heladas primaverales afectaron los rendimientos de Chardonnay, mientras que el Pinot Noir sufrió menos daños. Después llegó un verano seco y caluroso que obligó a definir con precisión las fechas de cosecha.

El resultado puede comprobarse en dos espumantes de ese mismo año: Rosell Boher Encarnación Brut Nature 2023, donde predomina un Chardonnay intenso, mineral y frutado, y Rosell Boher Rosé 2023, elaborado con 100% Pinot Noir, de expresión frutal marcada y acidez vibrante.

«Creo que es el año donde podemos encontrar una mayor diferencia entre Chardonnay y Pinot Noir, y está bueno que podamos verlo reflejado en estos dos vinos», sostiene Calderón.

La vendimia 2022 ofrece otra lectura. Con temperaturas más moderadas y un comportamiento equilibrado de ambas variedades, dio origen al Rosell Boher Brut 2022, un corte de aproximadamente 60% Pinot Noir y 40% Chardonnay, que supera los 30 meses sobre lías y combina complejidad, frescura y versatilidad gastronómica.

Por su parte, Rosell Boher Grande Cuvée Millésimée 2021 nació de una temporada fresca, que favoreció la maduración pausada y la conservación de la acidez natural. Sus más de 40 meses de crianza aportan profundidad y elegancia, sin resignar frescura.

«Fue un año hermoso para nuestro Grande Cuvée», recuerda Calderón.

El secreto de las botellas que envejecen durante décadas

Si hay un aspecto que distingue la trayectoria de Rosell Boher es su trabajo con las largas crianzas y la evolución de los espumantes en botella. La bodega mantiene experiencias con vinos que superan los 15 años sobre lías y conserva ejemplares ya degollados con más de 25 años de evolución.

Son antecedentes poco habituales en la vitivinicultura argentina y permiten entender por qué Rosell Boher se ha consolidado como una referencia entre los espumantes de alta gama.

Mientras en Champagne existe una larga tradición de conservar grandes cuvées durante años, en Argentina todavía predomina la costumbre de descorchar los espumantes poco después de comprarlos. Rosell Boher propone ampliar esa experiencia con botellas que, gracias a su elaboración por método tradicional, su acidez natural y sus crianzas prolongadas, pueden desarrollar nuevos matices con el paso del tiempo.

«El método tradicional nos permite tener vinos para disfrutar cuando salen al mercado y también vinos de guarda», señala Calderón.

El enólogo aclara que cada etiqueta tiene condiciones particulares para evolucionar y que algunas resultan especialmente apropiadas para una guarda prolongada.

En ese contexto, identificar las cosechas ofrece una ventaja adicional: permite guardar espumantes, comparar añadas y descubrir cómo evolucionan las grandes burbujas argentinas, una experiencia que los coleccionistas suelen asociar con Champagne y que Rosell Boher lleva décadas explorando en Mendoza.

Parte de la cava de Rosell Boher.

¿Qué gana el consumidor con esta decisión?

«Información», responde Calderón sin vueltas. Y recuerda aquellas consultas de consumidores que intentan averiguar la cosecha de botellas guardadas durante años.

Ahora podrán saberlo con solo mirar la contraetiqueta. Pero el enólogo considera que existe una ventaja adicional: aprender a reconocer las diferencias entre vendimias.

«No tenemos que buscar cuál es mejor o peor, sino cuál nos gusta más. Un año puede tener mayor frescura, otro mayor intensidad, más alcohol o volumen de boca. El consumidor puede elegir qué cosecha le gusta sin salir de la identidad de Rosell Boher».

La bodega asegura que la decisión no implica cambios en los criterios que definen cada etiqueta: proporciones varietales, dosaje y tiempos mínimos de crianza.

La gran variable continúa siendo el viñedo y la capacidad de interpretar cada temporada. Por eso, Calderón cree que el próximo desafío pasa por profundizar el conocimiento de las microparcelas, las diferentes edades de las plantas y sus respuestas frente al clima.

Para una bodega que ayudó a construir el prestigio de los espumantes argentinos de alta gama, identificar todas sus añadas representa un nuevo paso en una trayectoria de 25 años dedicada a la elaboración por método tradicional.

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