Cheval des Andes acaba de presentar su cosecha 2023, una añada nacida bajo condiciones que obligaron al equipo a afinar cada decisión en el viñedo.
Mendoza atravesó uno de los ciclos más cálidos y secos de los últimos años. Las heladas tardías de octubre de 2022 redujeron rendimientos y el verano sumó varias olas de calor. En ese contexto, Cheval des Andes adelantó una de las vendimias más tempranas de su historia: comenzó el 27 de febrero y terminó el 14 de marzo.
Para Pierre Polbos, jefe de enología, el desafío estuvo en capturar el carácter del año sin convertirlo en una caricatura.
“Una añada cálida y seca no debe significar un vino con mermelada, confitura de frutos negros, mucho alcohol y sin frescura”, explica. “Para nosotros significa la posibilidad de lograr un vino profundo que demanda más tiempo de entender”.
El resultado es un vino de cuerpo medio, textura sedosa, fruta roja fresca, cassis, notas florales y un perfil herbal donde aparecen cedro, eucalipto y menta.

Dos tercios de Cabernet, un tercio de Malbec
Cheval des Andes 2023 está compuesto por dos tercios de Cabernet Sauvignon y un tercio de Malbec, un dato que confirma la dirección estilística que el proyecto viene profundizando desde 2015.
Ese año el blend llevaba 60% Malbec y 40% Cabernet Sauvignon. Con el tiempo, el equipo aumentó la presencia de Cabernet porque encontró allí una herramienta clave para ganar fineza, tensión y frescura.
El Malbec aporta fruta, sedosidad y una entrada amable. El Cabernet construye la estructura y sostiene la guarda.
Polbos resume la búsqueda con una idea que atraviesa todo el proyecto: cada cosecha debe expresar el mismo lugar con la huella del año.

36 parcelas para un solo vino
Cheval des Andes trabaja 47 hectáreas divididas en 36 parcelas entre Las Compuertas y Paraje Altamira. Algunas de las vides de Malbec de Las Compuertas fueron plantadas en 1929; en Altamira, el proyecto trabaja con material histórico desde 1945.
El equipo dedica unas 30 personas al manejo de esas parcelas y toma decisiones caminando la viña, degustando bayas y leyendo cada sector.
“No usamos tecnología para decidir la madurez. Usamos intuición, sentidos y ojos”, asegura Polbos.
La viticultura sumó además una fuerte apuesta por la agroecología. Coberturas vegetales, árboles frutales y especies forestales conviven con las vides para aumentar biodiversidad, proteger el suelo y mejorar la eficiencia del agua.
En una cosecha como 2023, esa estrategia dejó de ser discurso y se convirtió en herramienta.

Una nueva bodega para una nueva etapa
La presentación de la añada 2023 tuvo además un escenario especial: la nueva bodega de Cheval des Andes en Las Compuertas, donde el equipo ya vinificó por primera vez la cosecha 2026.
El edificio, diseñado por el arquitecto Daniel Romeo, vinculado también a Château Cheval Blanc, se integra al paisaje con curvas y geometrías inspiradas en la montaña.
Pero Polbos evita cualquier lectura demasiado glamorosa.
“Es un edificio importante y sofisticado, pero lo pensamos para elaborar vino. No hay hospitalidad ni turismo, esto es una herramienta para elaborar un vino a la altura de Cheval des Andes”.
La bodega cuenta con 52 tanques de concreto elaborados en Mendoza, con capacidades adaptadas al tamaño de las parcelas. El equipo trabaja por gravedad y recibe la uva identificada por origen para mantener la lógica de “una parcela, un tanque”.
Ese nivel de detalle tiene sentido en un proyecto que produce entre 80.000 y 90.000 botellas de un solo vino.
Polbos lo define así: “Cheval des Andes es hoy la interpretación argentina de Cheval Blanc”.
La añada 2023 llega como una buena síntesis de esa idea. Un año cálido, un blend con mayor presencia de Cabernet y un vino que busca profundidad sin perder frescura. La nueva bodega, más que cambiar la historia, parece darle por fin una casa a una filosofía que Cheval des Andes viene construyendo desde 1999.
