Aldo's Brasserie Argentina

Aldo’s Brasserie Argentina: el regreso al fuego que fundó una marca

Aldo Graziani deja Palermo, vuelve al Bajo Porteño y apuesta todo al fuego, la carne y una carta 100% argentina.

Gastronomía, Restaurantes

Gastronomía

Una casona de dos plantas en Azopardo 780, a metros de Puerto Madero y a pocas cuadras de San Telmo, alberga la nueva etapa de un proyecto con quince años de historia. Aldo’s Brasserie Argentina abrió en abril y marca el regreso de Aldo Graziani al barrio donde arrancó todo. El local anterior, en Palermo, cierra un capítulo; este abre otro, con nombre propio: brasserie.

Graziani corrió el eje de su restaurante hacia la parrilla y el horno de barro, ambos a leña, como columna vertebral de la cocina. Asado de tira, ojo de bife, mollejas y empanadas reemplazan al recetario más ecléctico de etapas anteriores, con una consigna clara: cocina bien argentina, con una carta de vinos igual de argentina.

Una mudanza pensada, no una corazonada

El traslado desde Palermo llegó de la mano de un acuerdo con Almanera, la cadena de departamentos con servicio de hotelería que opera la torre sobre el restaurante en alianza con Meliá. Graziani ya conocía ese modelo por Áncora, su local en Puerto Retiro, y lo repitió en una zona que describe como llena de energía y en pleno crecimiento.

El barrio tampoco le resultaba nuevo: pasó una década trabajando en el Bajo Porteño antes de este proyecto, así que la mudanza funcionó como una decisión calculada. Los resultados llegaron rápido, con desayunos, almuerzos y cenas funcionando desde el primer día. Un relevamiento reciente del barrio confirma ese arranque fuerte, con el local lleno toda la semana en plena temporada baja de la gastronomía porteña.

Una casona repensada desde cero

La casona de dos pisos definió el proyecto: cocina en el primer piso, salón de eventos en el segundo y, en planta baja, salón principal de 50 cubiertos, una barra y un deck que funciona todo el día. El segundo piso admite hasta 140 personas de pie y ya montó auditorios corporativos, cócteles y celebraciones privadas como la cena de la [ultima Premium Tasting.

En el subsuelo, con acceso directo desde el estacionamiento, se construyó una cava para 14 personas, que ya recibe cumpleaños, cenas corporativas y degustaciones privadas. 

En agosto debuta con una cata de vinos icónicos guiada por Grazziani, que ya agotó sus entradas.

Del horno de barro a la mesa: qué pedir

La carta se ordena en entradas, quesos y fiambres (La Suerte, Juan Grande y Las Dinas), platos, grandes platos, parrilla, guarniciones y postres. El pan llega caliente con manteca y dura poco en la mesa. Entre las entradas mandan el jamón español, la stracciatella con hongos y las empanadas al horno de barro.

El pollo al horno, con piel crocante y cocción exacta, funciona como el gran acierto de la carta: la ejecución es simple y bien resuelta. El lomo a la pimienta vuelve con guiño vintage, hay hamburguesa con queso Raclette y papas fritas y el infaltable de Aldo’s: milanesa de lomo que sale frita con crocante con limón.

La parrilla suma mollejas de corazón, pollo a la leña con zapallo condimentado, asado 5 costillas y ojo de bife. Del horno de barro también sale una lasaña que compite de igual a igual con los cortes.

Al mediodía, Revuelto Gramajo y Caesar completan el menú ejecutivo, y un spaghetti con pomodoro y stracciatella suma una opción liviana. Los postres cierran con nostalgia dosificada: banana split en versión semifreddo, flan con dulce de leche, mousse de chocolate y queso y dulce de zapallo a la ceniza.

El vino, con la lupa más afinada

Aldo’s construyó su reputación como uno de los llamados wine focus restaurants de Buenos Aires, con cartas que llegaron a las 900 etiquetas. En la nueva casa, Graziani y su equipo de sommeliers redujeron ese universo a 300 referencias, todas argentinas, desde productores biodinámicos del este de Mendoza hasta las bodegas más masivas, con presencia de Patagonia, Jujuy y Salta. Ninguna etiqueta importada entra en la ecuación por ahora: Graziani defiende la decisión como una forma de mostrarle al turista y al propio argentino la diversidad real del vino nacional, más allá de las marcas que dominan las góndolas. El recorte no diluye la propuesta, la afila.

Lujo canchero, música que nunca repite

Graziani define la estética del lugar como «lujo canchero»: materiales de primer nivel que no intimidan, un salón donde conviven clientes de alto poder adquisitivo con vecinos que buscan una buena mesa sin ceremonia. La música refuerza esa idea con una playlist propia de casi cuatro días, que mezcla rock, hip hop, neo soul, funk y reggae sin repetirse. De día suena jazz suave para el menú ejecutivo; de noche sube la energía, y para la primavera Graziani ya piensa en shows en vivo.

El desafío que viene

Con dos meses de funcionamiento, Graziani identifica la consistencia como el principal desafío diario: sostener el mismo nivel en desayunos, almuerzos y cenas, incluso con el salón de eventos, el restaurante y el deck funcionando a pleno al mismo tiempo. El objetivo no cambió desde el día uno: construir un lugar que dure, como mínimo, veinte años.

Volver al barrio de origen no funciona como gesto nostálgico para Graziani, sino como definición de identidad: fuego, carne y vino argentino, en el barrio que vio nacer la marca. Quince años después, Aldo’s apuesta por lo que mejor sabe hacer, con menos etiquetas y más carácter.

GPS

Aldo’s Brasserie Argentina, Azopardo 780, CABA

IG: https://www.instagram.com/aldosrestaurante/

Autor

  • Alejandro Iglesias

    Es sommelier y un consumado buscador de tesoros. Capaz de degustar cientos de vinos y de recordar del primero al último con la precisión y la agudeza de un entomólogo, conoce como nadie esos rincones del mercado a los que todos quieren llegar. Por eso elige los vinos del Club Bonvivir. Por eso escribe en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) sobre sus hallazgos o bien en importantes medios nacionales como Clase Ejecutiva, o internacionales como Decanter.

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