Nicolás Calderón winemaker de Rosell Boher

Tiempo, altura y paciencia: las claves de Rosell Boher para entender las grandes burbujas argentinas

Una charla con Nicolás Calderón, winemaker de Rosell Boher, derivó en una guía práctica y relajada para entender, elegir y disfrutar mejor los espumosos en Navidad y Año Nuevo. Tomá nota.

Vinos, Notas de vinos

Vinos

En Argentina, las burbujas dejaron hace rato de ser una postal exclusiva del brindis de medianoche. Hoy los vinos espumosos viven una segunda juventud, más ambiciosa, más gastronómica y también más consciente de su origen. Y si hay una bodega que ayudó a empujar esa transformación hacia el segmento de alta gama, esa es Rosell Boher.

Fundada con una idea clara desde el inicio —hacer espumosos de nivel internacional bajo método tradicional— Rosell Boher fue pionera en varios sentidos. No sólo por su obsesión con el método champenoise, sino también por haber ido a buscar algo que en su momento parecía una rareza: la altura. 

Mucho antes de que la IG San Pablo se convirtiera en sinónimo de precisión y frescura, la bodega ya había implantado allí sus viñedos, con una trazabilidad que supera los 30 años. Hoy, ese largo camino rinde frutos visibles y bebibles.

Nicolás Calderón, su winemaker, nos compartió en una charla esta guía pensada para quienes quieren disfrutar mejor de los espumosos en las fiestas, sin tecnicismos innecesarios pero con información que suma.

Nicolás en la cava.

¿Qué hace únicas a las burbujas argentinas?

“Las fiestas son esos momentos extraordinarios en los que todos se reúnen alrededor de una copa. Y es ahí donde siempre queremos estar”, explica Calderón. 

En su mirada, la clave está en entender que cada botella es única, algo inseparable del método tradicional. En el caso argentino, además, entra en juego un factor decisivo: la combinación entre altura y amplitud térmica.

Rosell Boher fue de las primeras bodegas en apostar por viñedos de altura para espumosos. ¿El resultado? Vinos que logran alcoholes y acideces naturales difíciles de encontrar incluso en regiones clásicas de Europa, sin necesidad de correcciones. Una ventaja silenciosa, pero fundamental.

Terroir, sí… pero sin generalizar

Argentina no tiene un solo terroir para espumosos. Tiene muchos. Por eso, Calderón evita las simplificaciones: “No debemos generalizar”. 

En su caso, el estilo busca dialogar con Champagne desde el método, pero con identidad propia. Más tensión natural, más frescura, más precisión en boca. No se trata de copiar, sino de interpretar.

La sala de barricas.

Espumosos más allá del brindis

Uno de los grandes mitos que todavía sobreviven es que el espumoso “va solo” con el brindis. Error. Según Calderón, las fiestas son la excusa perfecta para beber espumosos durante toda la cena. 

Gracias a su estructura y al tiempo prolongado sobre lías, muchos espumantes argentinos —especialmente los de alta gama— pueden acompañar platos elaborados, incluso carnes.

La diversidad de platos típica de las mesas navideñas también juega a favor: permite ir cambiando de estilo de espumoso a lo largo de la noche y descubrir nuevas combinaciones.

Tips simples que hacen la diferencia

“La temperatura es fundamental; no sólo a la hora de servirlo, sino contar con hielo suficiente para poder mantenerlo constante. Sin embargo, el principal consejo es no pasarse de frío, porque no es bueno para el resultado final. Y, aunque parezca una obviedad, es importante también elegir siempre una copa, puede o no ser flauta, pero no es lo mismo beber un espumante en una copa que en un vaso”, explica.

Son pequeños detalles que cambian por completo la experiencia.

Bodega Rosell Boher.

¿Qué está pasando hoy con los espumosos argentinos?

La tendencia es clara: subir la vara del segmento premium. Más tiempo sobre lías, cosechas cada vez más precisas, selección de parcelas y respeto absoluto por los tiempos de espera. “La paciencia es un ejercicio que siempre se nota en el resultado final”, resume Calderón.

En Rosell Boher esa filosofía se traduce en crianzas largas, vinos con vocación de guarda y una mirada cada vez más enfocada en el origen.

“La excelencia no conoce atajos”, dice Calderón, y no suena a frase de marketing. En Rosell Boher eligieron el camino largo, el de la precisión y el tiempo. No producen en serie: crean. Cada espumoso busca expresar su origen y su momento, con elegancia y carácter, pero sin urgencias.

Hoy, además, esa historia se puede contar desde adentro gracias a la apertura al turismo, con experiencias que permiten entender el trabajo detrás de cada botella.

Mirar hacia adelante

El futuro de Rosell Boher apunta al crecimiento del segmento premium, a las guardas prolongadas, a los single vineyard y a la lectura de cada añada. Pero hay un dato que marca un antes y un después: a partir de 2026, toda su producción será milesimada, convirtiéndose en la primera bodega argentina en lograrlo.

Es una decisión coherente con su filosofía. Porque en el mundo de las burbujas, como en la vida, el tiempo es el mejor aliado.

Los recomendados Rosell Boher para estas fiestas

En Rosell Boher, las burbujas están pensadas para acompañar cualquier velada y si se trata de Nochebuena o de despedir el año, son, sin dudas, la mejor opción. 

Calderón sugiere: “Mi propuesta ideal empieza con nuestro Rosell Boher Brut, fresco y preciso, como aperitivo natural para recibir a familia o amigos. La cena encuentra su mejor aliado en Rosell Boher Brut Nature Encarnación, más tenso y gastronómico, capaz de dialogar con platos elaborados”. 

“El gran brindis pide el carácter de un Rosell Boher Grand Cuvée Millésimée 2020, mientras que las celebraciones íntimas encuentran su momento perfecto en el exclusivo Millésimée 70 Meses, profundo y contemplativo. Para el final, el Rosell Boher Brut Rosé acompaña la mesa dulce y alarga la noche con elegancia”, agrega.

Solo queda que tomes nota, ya sabés con qué brindar y cómo. Preparate para los descorches.

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