En pleno verano, cuando la temperatura se convierte en monotema en todas las conversaciones, se habla más del sufrimiento que hay que soportar que de los antídotos posibles para sobrellevarlo.
Propongo entonces poner el foco en los remedios que son paños fríos en el cuello y sacan un chasquido de agradecida admiración cuando se los prueba. Ese es el caso del Sauvignon Blanc.
Para un consumidor llano –como es la mayoría– el Sauvignon Blanc es poco conocido. No cuenta con el abolengo cremoso del Chardonnay, ni con la picardía atorrante del Torrontés, que perfuma sin peso la boca.
Por el contrario, el Sauvignon Blanc es un vino algo incómodo al principio, ya que, según los estilos, puede ofrecer desde un carácter claramente cítrico y herbal, con notas de ruda que recuerdan al pis de gato (sí, al pis de gato), a uno tropical, con fruta de la pasión.
Cualquiera sea el caso, tiene una rara virtud: es prácticamente inconfundible cuando se lo ha bebido un par de veces y eso lo convierte, al cabo de algunas botellas, en el favorito de muchos a la hora del verano.
¿La razón? Tiene una acidez tan vibrante que seca gratamente las encías con un toque málico –de ácido málico, no de malicia–, un paso por boca entre graso y enérgico, y un sabor definido por las mismas características aromáticas.
El combo es perfecto para beber frío, ojalá en un jardín, mejor frente al mar, insuperable con unos mariscos, pescados blancos o con unos ricos quesos, de preferencia de cabra. En eso, el Sauvignon Blanc no tiene rival.

Del frío a las copas
Los Sauvignon más famosos vienen de una región de Francia que es bastante continental: Sancerre, ubicada en el centro del país. Sobre suelos calcáreos y de arcilla y a una latitud alta (47° al Norte), allí el Sauvignon ofrece una matriz aromática delicada, de limas y de ruda.
Al cabo de ser trabajado en la bodega, suma cremosidad y revela un corazón de tiza, que deposita un leve talco sobre la lengua. Sancerre es el norte de una parte de los estilos en Sauvignon.
La otra proviene de climas un poco más templados, pero en particular de Nueva Zelanda –que se ha vuelto famosa por este vino–, en un clima oceánico y a una latitud de 41° Sur.
En Marlborough, los Sauvignon kiwis, como se los conoce, ofrecen notas de maracuyá y pomelo rosado y un paladar graso, amplio y vibrante de acidez.
Entre ellos, caben algunas variantes, como los Sauvignon costeros de Chile, con notas de jalapeño y pimienta blanca. O los que se producen en zonas continentales y solares, como en Argentina, que ofrecen un poco el mix entre todas estas versiones y que, además, suman aromas de menta y pasto, porque se los suele cosechar anticipadamente.
Sauvignon Blanc: cuáles probar
En Argentina hay unas 1900 hectáreas de Sauvignon Blanc, con tres provincias que dan cuenta del 92% del total.
Mendoza concentra 1450 (lideradas por 309 en Tunuyán, 230 en Luján de Cuyo, 175 en Tupungato y 114 en San Carlos, dentro de las zonas frías y cualitativas); San Juan cubre 225 (la mayoría plantada en zonas cálidas, con excepción de unas 56 en Sarmiento, donde está el Valle de Pedernal); y Neuquén aporta 81 hectáreas (78 en San Patricio del Chañar).
Entonces, desde la Patagonia a las alturas del Valle de Uco se produce Sauvignon Blanc que, para más virtudes, suele ofrecerse a precios lógicos.
En plan de descubrir un blanco para sobrevivir esta ola de calor, ponerle paños fríos a la sensación térmica y aportar sabor entre aperitivos y comidas, estos son buenos ejemplos con precios vigentes al comienzo de febrero:
- Saurus Select (2023, $8.300).
- Portillo (2023, $2.500).
- La Flor (2023, $4.400).
- Paz (2023, $6.600).
- Vuela (2023, $6.800).
- Doña Paula (2023, $5.800).
- Zorzal (2023, $4.500).
- Mariflor (2023, $20.500).
- Manos Negras (2023, $6.200).
Lima, pomelo y hierbas llenan un paladar ajustado y de elevada frescura.
Herbal y cítrico, con un twist de maracuyá, es graso y vibrante.
Pomelo y hierbas, abre un paladar acuoso y refrescante.
Intenso, ruda y lima planean sobre un paladar graso y lleno de energía.
Delicado, cítrico y con un paladar acuoso y de acidez vibrante.
Va de lima a maracuyá y hierbas, hacia una boca media y refrescante.
Lima pura, con notas de pasto, y una boca refrescante y ligera.
Cítrico y mentolado, vibra en boca con tensión.
Pomelo rosado y hierbas abren una boca delgada y refrescante.
Perdriel (2023, $10.200).
Lima y pomelo se despliegan en una boca de cierto graso y frescura.