Elisabeth Checa fue la mujer que más supo de vinos en el país. La filósofa y escritora. La que tuvo que adoptar otra identidad para que la dejaran expresarse. La no sommelier que sabía comunicar mejor que ellos cada detalle de la bebida nacional. La que, sin embargo, se negaba a poner puntajes. La que abrió a muchos y muchas las puertas de un mundo fascinante. Y la que, cual rockstar, firmaba autógrafos a sus fans en cada encuentro.

Todas esas facetas tenía Elisabeth Checa, la periodista que compartió su pasión con una audiencia enorme cultivada a lo largo de décadas y en todos los formatos.

“La vida es muy corta para beber feos vinos” es tal vez su cita más célebre, pero cuesta elegir un TOP 10 porque sus frases eran geniales:

  1. “No me gustan los blancos cuando maracuyean”.
  2. “El goce de los vinos es un placer genial, sensual y posible”.
  3. “El mejor vino es el que más nos gusta”.
  4. “Soy pre-sommeliers. ¡No soy sommelier!”
  5. “No concibo comer sin vino”.
  6. “Los vinos que me gustan son aquellos que me cuentan un viaje”.
  7. “Maridaje es una palabra machirula. ¿Hay algo peor que un marido?”
  8. “Este pinot tiene aromas a sábanas bien usadas”
  9. “Este vino malbequea”.
  10. “Es mucho más divertido beber que catar”. 

Pero además de esas ingeniosas estocadas verbales, tenía una mirada reflexiva sobre la industria.

“Hay prejuicios alentados por bodegueros y confirmados por algunas consumidoras demodé: los vinos suaves, chatos, algo dulzones, definitivamente mediocres son los más apropiados para el paladar femenino. Falso. He visto a más de una anciana dama, conmoverse ante los potentes taninos de un Malbec joven y oscuro. Y machos trasnochados que se estremecen con un cosecha tardía, banal y empalagoso. Creo firmemente que no existen vinos femeninos y vinos masculinos pese a lo que afirmen algunas contraetiquetas, entre otros disparates”, lanzó.

Elisabeth Checa despedidaMás frases de Elisabeth Checa, irreverente y sabia 

“Hubo críticos del Malbec por casi obvio, hasta que se dieron cuenta de que el mundo Malbec es infinito, que depende del suelo, del clima, de la altura y, por supuesto, de nuestro estado de ánimo y los bocados que lo acompañan. Algunos que huían del blanco se quedaron sin argumentos, seducidos por los nuevos blancos, varietales y, sobre todo, blends que combinan con platos que nunca hubieran imaginado”.

“Soy una testigo privilegiada, porque asistí al crecimiento del vino en la Argentina. En el contexto del vino mundial, se nos llamaba el nuevo mundo, pero tenemos quinientos años de hacer vino. Hoy, hay todo tipo de productores, bodegas tradicionales, grandes, medianas, pequeñas. Hay unos vinos fantásticos y muchísimos, casi es inabarcable”.

“Cuando aparecieron los sommeliers, con Miguel Brascó decíamos que había mucho macaneo glorioso. Hoy pienso que hay algunos que son buenísimos y otros que son guitarreo puro. El vino es un misterio de seis mil años, así que no hay por qué esnobiar a la gente con palabras que no entiende”.

“Cuando algún sommelier describe de una manera que la gente no entiende, le hace mal al vino. Yo trato de comunicar el vino del modo más atractivo posible; nunca les doy puntaje y trato de hablar lo menos técnico posible, no meter palabras como terpénico porque la gente se asusta. Tengo una mirada más existencial, poética, menos técnica”.

“Escribo sobre las cosas buenas de la vida: vinos, viajes, gastronomía, alcoholes. Me gusta escribir, me encanta. En la adolescencia jugaba a ser Simone de Beauvoir. Escribía mis cosas encerrada en un altillo de una casa Tudor tardío en Castelar”.

“No puntúo, porque para mí no es solamente el vino; es el vino y sus circunstancias. A los consumidores argentinos no les importa el puntaje. Además, todo depende de la historia que te cuente el vino, o de dónde y con quién lo estás tomando. Si estás tomando un vino con un tipo genial y comiendo un bife jugoso y estás bien y hay buena música, a ese vino le das 100 puntos. Pero si se te pasó el bife, estás solo, está lloviendo o estás de mal humor, le das nada. Es algo muy subjetivo, no es científico”.

“El vino me tiene que emocionar, tiene que expresarme algo. Es como una suite de Bach, que en un momento y desde un lugar puramente sensorial, me toca algún punto del alma”.

“En Argentina se tomaba semillón, una variedad crota en ese momento, un vino medio amarillento y dulzón, al que se lo vinificaba mal. En general se hacía en San Juan y era para las pizzerías de barrio. Pero bien trabajado, el semillón es una gran cepaje”.

“En los 90 llegó ese estilo de vinos californianos, que eran muy pesados y maderosos. Se hacían con barricas de roble nuevas, y en la boca sentías como un cajonazo en el paladar.  Es un tipo de vinos para lo que se creen machos cabríos, esos machos trasnochados que hay por ahí; son vinos con mucha madera, mucho tanino, pesados, oscuros, como la muerte en bicicleta”.

“Hay una vuelta a los más livianos y amables, vinos para comer. En un vino, a mí me gusta el equilibrio. Un vino tiene que ser expresivo, fresco y con buena acidez, una palabra que la gente está empezando a apreciar ahora”.

“El gran paso de los argentinos fue descubrir las propiedades del suelo, algo genial. Los vinos tienen más personalidad y eso fue mágico, Hoy vas por Mendoza y te caés en las calicatas”.

“Cuando conocí el Valle de Uco, antes de que fuera famoso, me sorprendió mucho. Y Salta me encanta. También me impresionó Jujuy. Te puedo decir que toda la Argentina me vuela la cabeza. Estamos haciendo cada vez mejores vinos y explorando lugares increíbles”.

“Champán, así deberíamos llamar a los espumantes. Odio la palabra espumoso o que digan espumante o sparkling, como en inglés. Hay que decirle champán y así lo escribo yo, como en los tangos, champán”.

“Lo que me encanta de los vinos argentinos es que son cada vez mejores. Esos vinos con mucha madera, muy oscuros, que los tomabas y te quedaba la lengua como papel de lija, ahora están cada vez más amables”.

Biografía de Elisabeth Checa

La Checa, como la llamaban todos, era periodista especializada en vinos, gastronomía y viajes. Tuvo que exiliarse en Perú, de donde era oriundo su padre, tras militar en el Movimiento Villero Peronista en el Bajo Belgrano. 

Estudió la carrera de Filosofía en la UBA y a mediados de los 80 fue la primera mujer que escribió sobre vinos en un periódico nacional. Hasta entonces, firmaba como Manuel Lasalle.

Trabajó durante décadas en diferentes medios (Cuisine & Vins, Ámbito Financiero, La Nación, Revista C de Crítica y Revista Teatro Colón, entre otros).También se ocupó de los contenidos periodísticos del sitio www.elgourmet.com desde que nació, y condujo durante 15 años el programa El Club del Buen Beber, de gourmet.com (también aquí se hacían degustaciones guiadas por ella). 

Elisabeth Checa despedidaParticipó como catadora en numerosos concursos internacionales de vino. En 2008 fue premiada en Pamplona, España, como periodista multimedia de vinos y gastronomía en el concurso Internacional EVA (categoría Tendencias). Dos años más tarde fue condecorada en una ceremonia en Oporto, junto a Miguel Brascó y Fabricio Portelli, como cavalheiro del Oporto. 

Sus guías de vinos ganaron en dos oportunidades los Gourmand Awards en el rubro Vinos. Durante 10 años condujo Checa en la radio, un programa de radio por el que pasaron todos los protagonistas del vino. También dictó catas privadas y charlas sobre vino y gastronomía en sus ciclos llamados Casa Checa.

Ciudadana del mundo, vivió en Francia, Alemania, las Islas Canarias, Perú, India, Finlandia, Argelia y otros países, acompañando a su entonces marido, Bengt Oldenburg, el famoso crítico de arte sueco. Con él tuvo dos hijos, Federico y Ernesto. 

En 2015 recibió el reconocimiento máximo a su trayectoria periodística en la feria Masticar, otro por la misma razón en las primeras Jornadas de Comunicación Periodística en Córdoba y una Mención Especial en el Día del Gourmet.

Si, como sostuvo Charles Baudelaire, el alma del vino canta en la botella, la esencia de Elisabeth Checa vivirá en cada descorche que nos haga felices.