Diciembre es un mes de muchas complicaciones. Al calor oficial del cierre del año siempre emergen compromisos que atender y que en las generales de la ley compromete algún regalo de cara al año entrante o, sencillamente, hay que regalar porque es navidad y eso es lo que se hace cuando llega este mes.

Pero si buscar un regalo para una persona particular puede resultar engorroso a veces, el obsequiar vinos viene a saldar esta cuestión con buena cancha. ¿La razón? A menos que estemos hablando de declarados abstemios o alcohólicos recuperados, una botella de vino es un vehículo perfecto para obsequiar valor, reconocimiento y distinción. Y en estos cinco casos que listamos a continuación quedan sobradas muestras de ello.

Regalos profesionales. Los tintos (en su mayoría, claro) son regalos profesionales. Pero algunos lo son más que otros. Para el abogado que te sacó de un problema o resolvió un contrato, para el cirujano que operó diestramente o el arquitecto que ejecutó un proyecto de construcción en tiempo y forma, algunos vinos parecen mejores que otros. En eso, algunas marcas son el mejor índice para obsequiar vinos: vinos de Rutini, Luigi Bosca o Nicolás Catena son buenos regalos profesionales, porque tanto el que recibe como el que da conocen el valor y el prestigio de esos vinos. Pero también hay chances un poco más lúdicas. Por ejemplo, una marca que sale entre los cardiólogos es Pulso Malbec, por la sencilla razón de que la etiqueta está dominada por un corazón. Y así.

Regalos de último momento. Sin embargo, a veces no hacen falta situaciones grandilocuentes. Sencillamente, puede darse el caso de un olvido, un invitación inesperada y de último momento o la infaltable sensación de llegar con las manos vacías a una cita. En todos esos casos, uno puede pasar por una vinoteca, un supermercado o un autoservicio y obsequiar vinos para quedar bien. El secreto para este tipo de regalo es el opuesto al de los abogados o los médicos: es mejor que el vino no sea conocido, así no se presume ni se le da demasiada importancia. En todo caso, marcas como La Madrid, Las Pedices y Nieto Senetiner son buenos ejemplos de ricos vinos y buena distribución. Más ideas, acá.

Obsequiar vinosRegalos al entendido. Pero se dan los casos, y a todos nos ha pasado, que un colega, un amigo o un pariente cumple años. Y esa persona, precisamente porque la conocemos relativamente bien, estamos seguros que aprecia una buena botella. De modo que obsequiar vinos puede ser una buena y tramposa idea: ¿qué se le regala, cuál de todos los que hay, cómo empiezo a buscar y resuelvo eventualmente rápido? El truco es sencillo: hay que buscar varietales raros o menos conocidos, como Garnacha o Mourvedre entre las que apenas levantan cabeza, Pinot Noir entre las conocidas. Lindos ejemplares serían: De Moño Rojo GSM (con Garnacha, Syrah y Mourvedre), Ver Sacrum y Los Cardones Tiguerstone, ambos Garnachas ricos, y Saurus Barrel Fermented o Catalpa los dos Pinot Noir.

Regalos empresariales. Es el combo fundamental de todo fin de año. Las empresas, que bien o mal sortearon el año y esperan seguir trabajando con sus mejores clientes, deciden agasajarlos. Como la situación se repite cada diciembre, es bueno elegir un vino que, al cabo, se puede escoger entre una enorme cantidad de variedades y estilos, precios y marcas. Así, al menos, no habrá chances de repetirlo en el corto plazo. Con un plus: las vinotecas hacen jugosos descuentos y es fácil sumarle valor con una caja espacial, una bolsa ídem o un complemento, como un sacacorchos (para más ideas, pinchá acá). Claro que cada ítem suma pesos en la tabla del Excel.

Regalos simbólicos. En el vino abundan los regalos para aniversarios. El razonamiento es sencillo: como cada botella tiene una cosecha especial, cada vez que se cumple un aniversario hay un vino capaz de aportar un grano de arena a la celebración. El problema aparece cuando esos aniversarios empiezan a escalar en años. Si no es raro conseguir un tinto de entre uno y diez años de añejo –este último se halla con un poco de búsqueda– hacia las bodas de plata la cuenta se complica bastante más. Por suerte, y en materia de alcoholes, el whisky y el ron son fecundos en largos aniversario. Eso, claro, siempre que nos gusten o que se haya descartado por fallida (casi siempre) la idea de atesorar vinos de un año puntual (por ejemplo un nacimiento) y beberla cuando el futuro que era lejano, llegó.

Burbujas para el arbolito. De cara a las fiestas, es bueno comprar una caja de vinos surtidos por si hay que salir del paso con un regalo. El plan es supremo porque, si no se diera el caso, uno puede luego beberlos durante el verano. En nuestra opinión, es mejor incluso comprar burbujas. Desde el renovado Chandon Extra Brut al más jovial Santa Julia Extra Brut o Dolores Extra Brut, hay chances de quedar bien y refrescarse luego.

Joaquín Hidalgo
Es periodista y enólogo y escribe como cata: busca curiosidades, experimenta en formatos y tiene una pluma capaz de desentrañar el secreto áspero del tanino o de evocar el sabor perdido de unas granadas en la infancia. Lleva más de quince años en esto. Lo leen en Vinómanos (plataforma que fundó en 2013) o bien en importantes medios nacionales, como La Nación Revista, La Mañana de Neuquén, Playboy y JOY, entre otros.