El tinto es violeta y el blanco, verde y amarillo. Pero si hasta acá la cosa parecía sencilla aunque contradictoria, con los rosados la paleta de colores se ensancha un poco más. La razón está en los nuevos vinos que llegan a la góndola. Atrás van quedando los rosados cereza subido, más cercanos a la granadina que a la paleta de la famosa pantera. Basta una recorrida simple por la góndola de los nuevos rosé para pescar la sorpresa cromática: emergen tonos que van desde ciertos cobrizos hasta otros tan etéreos y delicados, tipo piel de bebé.

Pero pongamos las cosas en orden. ¿Cómo es que la paleta cambió tanto? ¿Cómo describir esos tonos pastel más propios de una casa de muñecas que de una buena mesa? Y sobre todo: ¿a qué saben y cuáles conviene probar?

La tendencia

Entre 2014 y 2016 emergieron una nueva gama de rosados que, lejos de ofrecer un color subido, parecen más bien sutiles acuarelas. La razón para este cambio hay que buscarla en dos canteras diferentes: una, el exitoso crecimiento de los rosé de provence en mercados como el norteamericano, que crearon un boom real de ventas; la otra, en un cambio de técnica a la hora de elaborar.

En nuestro medio, rosé era todo aquello que se descartaba de un tinto vía sangrías –es decir, de concentrar a los tintos–. Esa idea de un vino subproducto comenzó a cambiar de la mano de algunas casas que apostaron por nuevos estilos. ¿Cómo reconocerlos? Parten de un color cobrizo, entre salmón y piel de la cebolla, y otros que se licúan en una sensación tan rosácea y pastel que recuerda la piel de un bebé.

Uno de los primeros en atreverse al nuevo plan fue Vuleà Pinot Gris (2016, $140) que nació allá por 2012, seguido por A rosé is a rosé, a rosé (2016, $320) que Luigi Bosca lanzó en 2015. Pero en la misma línea cromática, ahora hay varios rosados nuevos.
Dos accesibles, Elementos Rosé de Torrontés (2016, $100), que sale ahora a la venta y está elaborado con una co-fermentación de la blanca con Malbec, y Santa Julia R-Osado de Syrah (2016, $88) también de un color ligero salmón, aromático y seco. Arriba de esos precios, Andeluna Malbec Rosé (2016, $180) es un exponente a descubrir.
 Sin embargo, la tendencia es ir más arriba, como sucede con el nuevo Hey Rosé de Malbec (2016, $250), el vino del superhéroe que ahora tiene su pink par, o el flamante Susana Balbo Rosé (2016, $575), que además de ser el más reciente es el más caro del mercado y, al mismo tiempo, un manual para el nuevo estilo.

RosadosArgentinos
Todos ellos forman un flamante pelotón en la góndola de los rosados que viene a relanzar tanto el color como la categoría. Nacen realizando un prensado corto y cuidado el color al máximo. Así, la elaboración demanda mucha atención. Y eso se nota en el sabor, de paso: son ligeramente aromáticos, con recuerdos frutales y florales algo etéreos, y la boca es pura frescura, sin dulzor alguno y con cierto trazo málico, que se reconoce como una sequedad suave en las encías.

Viejos rosados

En nuestro medio, los rosados vieja escuela y varios de los nuevos eran y son de un color cereza o ciruela elevado. El vino, al mismo tiempo, ofrece volumen de boca y frescura, como si fuera en rigor un tinto ligero, con una entrada golosa en distintos grados. Así son, por ejemplo, Emilia Malbec Rosé (2015, $130) y Norton Mil Rosas (215, XX); en menor medida de dulzura Goyenechea Rosé de Merlot (2015, XX) y Alta Vista Malbec Rosé (2016, $150). Luego Saurus Malbec Rosé (2015, $140) y L’Argentin de Malartic (2015, $160), de un cereza más ligero y con boca y seca.

Con qué se acompañan

Los rosados son los vinos con mejor cintura para el maridaje. Van igual de bien con un plato de pastas y verduras salteadas, que con quesos y fiambres o pescados de mar y río. ¿El secreto? La frescura elevada y el paladar seco, el aroma moderado y la sencillez de sus trazos. Con todo, pocos maridajes son mejores que una ensalada de tomates, albahaca y burrata o una rica pizza de masa crocante y abundante tomate y mozzarella.

Botellas de formas nuevas

Los rosé son una tendencia fuerte en el mundo. Y de la mano de los estilos cada vez más ligeros y etéreos se imponen las botellas con formatos raros. Las hay tipo perfume –de lados rectos y angulosos– o bien con curiosos labrados, como si tuvieran flores estampadas en el vidrio. En todo caso, son transparentes, para que el color se luzca. Y si todo sigue como marca la tendencia, estrenaremos botellas locas en argentina para 2017.