Hubo una batalla por el vino del bicentenario. Una batalla por cuál era el verdadero bicentenario. Y varias batallas entre unitarios o de federales hace unos 200 años. Batallas. Esa es la palabra que define buena parte de la historia Argentina. Y batallas, otra vez, es el que suscita una cosa tan simple como elegir los pastelitos de hojaldre para celebrar el 9 de julio: ¿los preferimos rellenos de membrillo o dulce de batata? Entre las batallas por la independencia actual, este asunto divide a los argentinos.

Y vos ¿cuál preferís? Para resolver esta cuestión y lograr la tan ansiada unidad nacional después de 200 años en los que hubo tantas penas y olvidos, nada mejor que aprender a hacer el pastelito de la conciliación y rellenarlo con lo que sea que nos venga en ganas. Tomá nota.

Para la masa:

• ½ kg de harina 0000
• 100 grs de manteca
• Agua 250 cc de agua
• Jugo de limón 1 cucharadita
• Pizca de sal
• 250 grs de dulce de membrillo o de batata (¿125 gramos de cada uno?)

Para hojaldrar

• 100 grs de margarina
• Almidón de maíz

Procedimiento

El primero paso es preparar la masa y después hojaldrarla. Disolver la sal en agua, mezclar todos los ingredientes de la masa y amasarlos hasta lograr una consistencia lisa. Llevar a la heladera media hora.
Estirar sobre una mesada con la ayuda de un palo de amasar y dejarla con una forma rectangular. Untar la masa con la margarina y espolvorear con el almidón de maíz. Enrollar la masa y aplastar hasta volver a dejarla con forma rectangular. Dejar reposar unos 15 minutos y estirar hasta que quede bien fina.

Volver a untar, espolvorear, enrollar y estirar la masa para terminar cortando cuadrados de 10 cm de lado, bien delgados.
Sobre los cuadrados colocar un cubo de dulce y tapar con otro cuadrado, pegar los bordes apretando bien, con especial atención en sellar alrededor del dulce, para que abran cuando los friamos.

Calentar una sartén con aceite (o grasa de pella, para más patriotismo) y freírlos dándolos vuelta hasta que estén dorados, retirar y secar en papel absorbente. Espolvorear con azúcar impalpable y servirlos con mate caliente o Torrontés perfumados, según la ocasión.

Es el mejor cocinero del mundo para los que tenemos el gusto de sentarnos a su mesa. Capaz de cruzar la ciudad por unas ostras o de sudar la gota gorda frente a un caldero durante horas, para el resto de los mortales es un estratega de la comunicación digital, el marketing de contenidos y otros tantos menesteres. Trabaja desde hace más de 12 años en medios digitales. Es el responsable de que no fallen los códigos de Vinómanos (plataforma que fundó en 2013), donde también escribe sobre su pasión culinaria.