Encendé la mecha de los bocaditos de chocolate, esas pequeñas bombas de sabor
Encendé la mecha de los bocaditos de chocolate, esas pequeñas bombas de sabor. La variedad de gustos y rellenos y un precio accesible los mantienen como presencia obligada en el kiosco desde hace más de medio siglo. ¿Quiénes fueron los precursores en el país? ¿Cómo se adaptaron a los nuevos consumos?
Antes de irnos a dormir, en la previa de un examen, en la sobremesa del almuerzo, después de una reunión, volviendo a casa tras un día de trabajo. Todos hemos pasado por ese momento en el cual nuestro cuerpo pide urgentemente algo dulce, unos bocaditos de chocolate o ambas cosas, aunque todavía ninguna ciencia pudo encontrar un único motivo que lo justifique. Quizás sea una cuestión fisiológica relacionada con la glucosa, alguna respuesta del sistema nervioso a un estímulo externo, o simplemente una excusa para darnos un permitido.
Lo que sí sabemos es que los bocaditos de chocolate están esperándonos al alcance de la mano cuando las ganas de entrarle al azúcar o al chocolate se vuelven insostenibles. Tienen el tamaño ideal para calmar un antojo sin exagerar cantidades y los encontrás en kioscos, supermercados, estaciones de servicio, dietéticas y hasta farmacias. Además, encarnan una de las versiones más concentradas y a la vez más modernas del chocolate, ya que emergieron recién en el siglo pasado.
¿Cuál fue el camino del chocolate hasta fundirse con el azúcar y llegar a los bocaditos? ¿Cómo empezaron a inundar las principales vidrieras? No tengas miedo a empalagarte y acompañanos en este dulce recorrido.
Bocaditos de chocolate: de la fábrica al carnaval
En 1728, el explorador danés Vitus Jonassen Bering descubría, entre Rusia y Alaska, el estrecho que llevaría su apellido. Mientras tanto, en la ciudad inglesa de Bristol Joseph Storrs Fry, dueño de la chocolatera J. S. Fry & Sons que dos siglos después pasaría a formar parte de Cadbury, concretaba otro sensacional descubrimiento: creaba la primera producción de chocolate semisólido y moldeable, usando una novedosa máquina de vapor con un molino. Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para las papilas gustativas.
Los avances técnicos y tecnológicos dieron lugar a la aparición de nuevas variantes y mezclas. Hacia el año 1806, en la región italiana de Piamonte, se conoció la primera producción compacta compuesta por chocolate y otro ingrediente, en este caso avellanas.
La nueva creación, denominada Guianduja en honor a una marioneta famosa de los carnavales piamonteses, fue el prototipo de lo que luego sería el Ferrero Rocher.
Fue también en Italia donde nació el creador de una empresa pionera en la industria chocolatera argentina, que sería una de las principales impulsoras de la producción de bocaditos.
Desde Córdoba al mundo
En el año 1958, la empresa Arcor, fundada por el italiano Amos Pagani y sus hijos Fulvio, Renzo y Elio a principios de esa década, lanzó una promoción con el bocadito Holanda como protagonista.
La iniciativa, que marcó tendencia a nivel publicitario, fue difundida en los principales programas radiales y significó la presentación del primer bocadito fabricado por la firma. Al día de hoy, el Grupo Arcor exporta sus productos a todo el planeta, y cuenta con una amplia variedad de bocaditos entre los cuales se encuentran el Tofi, el Block, el Águila Menta, y el mítico Cabsha.
“El bocadito Tofi es chocolate con leche o blanco, relleno con dulce de leche al rhum, y es uno de los más icónicos en el mercado. Al igual que el Tofi, el Cofler Block también mantiene sus ingredientes (en este caso chocolate con leche y maní) y su métodos de fabricación a través de los años”, explica Ezequiel Marqués, Brand Manager de Bombones de la empresa.
Marqués explica que el bocadito de menta está en el mercado hace 25 años y tiene un consumo más de nicho. “Inicialmente se fabricó con un relleno graso saborizado con menta y chocolate semiamargo. Luego buscamos un producto más sofisticado que compita con opciones importadas y renovamos el molde, sumamos el logo de Águila, y agregamos un relleno fondant de menta, característico por su cremosidad”, detalla.
Un párrafo aparte merece el Cabsha, esa pequeña moneda de chocolate rellena creada por el ruso Abrasha Bensky, inmigrante que llegó al país a fines de la década del ‘40 escapando del genocidio nazi.
Si bien la fábrica de Bensky se vendió en 1985, nunca se modificó el proceso de elaboración, por lo que el Cabsha sigue amalgamando la tradición chocolatera europea con el gusto tradicional del dulce de leche argentino.
“El Cabsha es un clásico argentino que mantiene su fórmula histórica y tiene consolidada su posición entre las golosinas más vendidas del mercado. Tiene un relleno único y singular que le otorga una identidad especial. Cabsha es, sin dudas, El bocadito”, concluye Marqués.
La marca del Comandante
Si hablamos de bocaditos, es imposible dejar afuera a Fel-Fort de la nómina. La fábrica fundada por Felipe Fort en 1912, y masificada en su exposición a partir de la irrupción del heredero Ricardo en el universo mediático, cuenta con más de una decena de estos productos en su catálogo.
La clásica Menta al Chocolate, el Kooky Bon con relleno de marroc, la Monedita Pirata de chocolate, el híbrido Bocadito Chipi con techo de chocolate blanco y maní, y el Bocadito D’Or, que combina el chocolate con cereales, son algunas de las tantas variantes que se pueden encontrar en tiendas de todo el país.
En paralelo, el Marroc merece una mención especial, no solo por su popularidad, sino por el aura misteriosa que rodea su origen. Cuenta la leyenda que un inmigrante marroquí llamado Hossam vendía unos extraños rectángulos de chocolate con pasta de maní en la actual zona de Recoleta.
El éxito del producto era tal que Felipe Fort se acercó para comprarle una gran cantidad y pedirle, como quien no quiere la cosa, la receta.
Fort reprodujo la mezcla en su fábrica, la patentó y empezó a vender un bocadito que hasta hoy día sigue teniendo un papel estelar en el expendio de golosinas. ¿Querés conocer más de esta historia, que tal vez tenga algo de real? Podés visitar este link.
Distinción y ¿destino final?
“El Cabsha y el Marroc se venden casi al mismo nivel, hay gente a la que le gusta más el dulce de leche, y otra a la que le gusta más el maní. Ambos son tradicionales y aptos para todo público, a diferencia de los bocaditos de menta, que están destinados a un target más específico”, sostiene Silvia Anchorena, quien integra la comisión directiva de la Cámara de Kiosqueros Unidos.
Anchorena también aclara que empresas como Mondelez han modificado algunos de sus productos para hacerlos más compactos y de consumo fugaz. Así vemos hoy en día las versiones mini de Milka Oreo o de Shot, por ejemplo.
Por su parte, Facundo Calabró, autor del blog catadordealfajores.com, ubica a los bocaditos como un familiar cercano de los bombones. “Es una golosina bastante peculiar porque es, probablemente, la más fina y delicada de los kioscos. No cumple la misma función ´nutricional´ que el alfajor, por ejemplo, ya que nadie desayuna o merienda un bombón”, afirma.
En este sentido, Calabró cree que el bocadito es un producto más bien “fancy”, cercano a los free shops.
El mercado, en un punto, le da la razón porque ofrece opciones renovadas, tales como el bocadito Cerro Azul, hecho de chocolate vegano sin azúcar ni TACC.
Los fanáticos de estas delicias y los consumidores ocasionales pueden suspirar aliviados: desde las góndolas los bocaditos seguirán guiñándoles un ojo, seductores y estoicos.
Es estudiante de Ciencias de la Comunicación en la UBA, fue redactor de ANCCOM (Agencia de Noticias de Ciencias de la Comunicación) y colabora con la revista Tercer Sector. Asegura que un día no puede ser malo si termina con una comida a las brasas. Sigue a la cerveza artesanal desde Cemento, y lo enamora un buen Syrah.