Rosario es el Parque Independencia, un viento que peina palmeras en el boulevard y en el centro, la mesa de un bar. Así dice la canción, y nada es más real. A pocas horas en auto llegás a una ciudad que mira todo el tiempo hacia un río, que no funciona como límite geográfico sino como protagonista de una experiencia siempre renovada.
La ciudad bien vale la pena para una escapada, no solo porque está cerca, sino porque tiene mucho para ofrecerle a todo el mundo. Desde las propuestas clásicas —el Monumento a la Bandera, la costanera— hasta un abanico cada vez más interesante para quienes disfrutamos de comer y beber bien.

Comedor Balcarce si llegás al mediodía
Si sos de los que extrañan los casi extintos bodegones porteños, Rosario te recibe con uno con todas las letras. El Comedor Balcarce es un tradicional bodegón de barrio. Abierto en 1961, se volvió muy popular cuando el comedor de la Universidad Nacional de Rosario cerró y todos los estudiantes emigraron en masa a esa icónica esquina en busca de platos abundantes, adaptados a su bolsillo.
El bodegón tiene los típicos platos inoxidables: escalopes de ternera, la suprema Maryland (los argentinos sub 25 jamás probaron una suprema con banana frita), el famoso bife de hígado encebollado —casi abolido en las cocinas—, lengua a la cacerola y la infaltable tortilla babé.
Un plato a destacar es el omelette de pavita: un panqueque relleno de pavita, salsa blanca y queso, rebozado y acompañado por papas rejilla. Tampoco pueden faltar las típicas milanesas napolitanas, clásicas de cualquier bodegón que se precie.
Y además tienen su propio vermut tipo Torino producido en colaboración con la vermutería Pichincha.

Llevado adelante desde sus inicios por Eduardo Santarelli, hoy es un negocio familiar que mantiene las mismas tradiciones de siempre y sigue dando de comer de manera abundante y a buen precio.
Después de semejante ingesta, lo recomendable es salir a caminar. El Parque Independencia está más verde que nunca en esta época. Otra posibilidad es ir directo a la rambla y disfrutar del Paraná. Dormir una siesta tampoco sería una mala idea.
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Brown 2093, Rosario, Santa Fe
Para merendar, Barra confitería argentina
En Barra la confitería se toma en serio, pero sin grandilocuencias. La propuesta gira alrededor de los clásicos de mostrador: medialunas de grasa (con puntas larguísimas) y de manteca, tortitas negras (ultra esponjosas), miguelitos, coquitos y facturas bien hechas y muy instagrameables.
El café está muy bien y la carta no es extensa, pero sí muy honesta: productos reconocibles, hechos con cuidado.
La pastelería está a la vista. Podés sentarte a merendar mientras ves cómo se hacen las medialunas; es más hipnótico que mirar el celu, te lo aseguro.
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Urquiza 2143, Rosario, Santa Fe

Por la noche, Negre
En una vieja fábrica de vermut reciclada del barrio Pichincha está Negre, que acaba de estrenar menú. El lugar abre solo de noche y mantiene la estética industrial de origen, con una decoración minimalista pero con grandes detalles y una iluminación muy bien pensada (no vas a tener que usar el celular para leer la carta).
Tiene cocina a la vista y una capacidad para 50 cubiertos. El proyecto está liderado por Fernando Santarelli y Melina Ocampo, con una propuesta enfocada en la calidad del producto, el trabajo con productores y técnicas de alta cocina que buscan potenciar la experiencia.

En los fuegos está Diego Tapia (ex Azafrán), quien desarrolla una carta de verano basada en vegetales agroecológicos de huerta propia y del programa de huertas urbanas de la Municipalidad de Rosario, más carnes de pastura, pesca de la región y conservas mendocinas.
Entre los platos imperdibles están el sashimi de sandía deshidratada, el tiradito de surubí —de una sutileza superlativa— y, como principal obligado, el chivo asado y laqueado con demi-glace: síntesis de una cocina directa, donde el producto y la técnica marcan el pulso del menú.
La carta de vinos, además de estar bien nutrida, deja en claro que está pensada por un verdadero fan del vino: hay varias etiquetas, con estilos bien diferenciados, capaces de atrapar incluso a los paladares no tan bebedores.
Si sos amante del vino, difícilmente te vayas sin encontrar algo que tenías ganas de probar. Y si el vino no te termina de convencer, seguro hay algo que lo va a lograr.

En Negre, el abanico de la experiencia es amplio: podés seguir un menú por pasos, pedir a la carta o comer directamente en la barra. Y hablando de barra, la propuesta incluye coctelería de autor, con y sin alcohol.
Otro punto a favor es el servicio, algo que a veces no se valora, pero que cuando no es atinado se padece.
GPS
Güemes 2587, Rosario, Santa Fe

Como cantaba Lalo de los Santos, Rosario es el sol, claro. Bajo su fulgor se camina, se mira al río y, sobre todo, se come bien. La ciudad propone mesas donde el producto manda y el disfrute está al alcance del bocado. Llegar con hambre no es una advertencia: es el mejor plan.
