Los Wine Star Awards de Wine Enthusiast cumplen 27 años premiando nombres con peso real en el negocio y la cultura del vino. Este año, uno de esos nombres habla con acento argentino. Andrea Ferreyra integra la terna de Winemaker of the Year 2026 y se convierte en la primera mujer del país en llegar hasta ahí.
La lista reúne apenas cinco candidatos de todo el mundo. Wine Enthusiast no evalúa solo la calidad de las botellas: mide impacto sobre consumidores y trade, resultados concretos y capacidad de marcar agenda. Hacer buen vino deja de ser suficiente.
Andrea Ferreyra; veintiuna vendimias y un cambio de mirada
Ferreyra lleva 21 cosechas en el Valle de Uco y conduce la enología de La Celia desde 2012. Catorce años al frente de un equipo le cambiaron la definición del oficio.
«En mis inicios, el liderazgo estaba centrado casi exclusivamente en la productividad y los resultados técnicos», cuenta. Con los años sumó gestión de personas, coaching y desarrollo de equipos. Hoy destaca la capacidad de adaptación de los más jóvenes y reconoce que ellos le enseñaron a respetar el tiempo libre y el bienestar propio, algo que su generación aprendió a los golpes.
Sustentabilidad sin maquillaje
Ferreyra desconfía del discurso verde genérico. Para ella, la sustentabilidad se juega en el viñedo y en cada decisión de bodega.
«Si para lograr un vino hay que forzar la viticultura o sobreintervenir en la bodega, es una tendencia mal aplicada», dice.
La misma lógica aplica a las modas varietales. Pinot Noir, Cabernet Franc o cualquier búsqueda nueva funcionan cuando el terroir las sostiene. Cuando no, el resultado es maquillaje, no innovación.
Malbec no alcanza
Ferreyra mira el consumo actual con la misma cautela. Argentina necesita revisar su posicionamiento y mostrar una diversidad que vaya más allá de su carta de presentación histórica. El Malbec sigue siendo central, pero deja de ser el único argumento posible.
La primera, no la única
Ser la primera argentina nominada a Winemaker of the Year no es un dato estadístico menor. Ferreyra recuerda que las mujeres siempre trabajaron la viña y la bodega, aunque sin la misma visibilidad. Hoy observa un liderazgo femenino mucho más naturalizado, pero señala una deuda pendiente: esquemas laborales que acompañen carreras completas en una industria donde la vendimia todavía exige jornadas feroces.
Wine Enthusiast resalta en ella elegancia, precisión y compromiso con el lugar. Ferreyra ordena esos tres valores a su manera: primero el lugar, después la precisión. La elegancia llega sola, cuando el resto funciona.
Toma la nominación con sobriedad, pero no le resta peso. «Estar nominada ya es un premio en sí mismo», dice.
El premio todavía no tiene dueña. Ferreyra ya ganó la parte que no se vota: ser la primera referencia concreta para cualquier enóloga argentina que aspire a este lugar.