Hay pines que pesan más que otros. No por el metal, sino por lo que representan. El que lleva Pablo Braida en la solapa es uno de esos: el pin dorado de Master Sommelier, una distinción que solo un puñado de profesionales en el mundo logra alcanzar y que, hasta 2022, ningún argentino había conseguido.
Braida lo hizo. Y ahora vuelve a Buenos Aires para ser parte de los exámenes y actividades de la Court of Master Sommeliers (CMS) en la Escuela Argentina de Sommeliers, los próximos 2 y 3 de junio.
No es solo una visita. Es una señal. Y también una oportunidad: el estándar internacional más exigente de la sommellerie vuelve a tocar suelo argentino.
Ese regreso no es casual. Desde la Court of Master Sommeliers Americas, Julie Cohen Theobald, Executive Director de la institución, y el Master Sommelier Thomas Price fueron quienes alentaron especialmente a Braida para que este regreso tuviera impacto real en Argentina y Sudamérica.
La idea no era solo “volver”, sino volver con estructura, contenido y una propuesta formativa de largo plazo.
De Morteros al mundo (pasando por una heladería alemana)
La historia de Braida no empieza en una gran bodega ni en un restaurante con estrellas. Empieza en Morteros, Córdoba, donde estudió para ser contador y trabajó en una automotriz. En 2004 decidió cambiar de aire. Quería viajar. Y hacerlo de manera sustentable.
Así terminó en Alemania trabajando en una heladería, aprendiendo algo fundamental: el contacto con el público. Luego vino Londres, el hotel The Berkeley y el descubrimiento del servicio de alto nivel. Ahí empezó el flechazo con la sommellerie.
España fue el siguiente capítulo: Mallorca, Barcelona, la Escuela Superior de Hostelería y el restaurante Torre d’Altamar. Allí consolidó su perfil profesional y confirmó que el servicio de alto nivel y la construcción de experiencias alrededor del vino serían su camino.
El salto siguiente fue natural: Estados Unidos y Napa Valley, uno de los territorios más exigentes y formativos para cualquier sommelier que quiera jugar en la liga internacional.
La Court, el Covid y la persistencia
En Estados Unidos entendió algo clave: si querés jugar en la primera liga global, el idioma es la Court of Master Sommeliers.
Comenzó el programa mientras trabajaba en Ram’s Gate Winery y luego en Compline, donde armó una carta que se alejaba del ombliguismo californiano y buscaba abrir la mente del comensal local. En 2019 aprobó el nivel Advanced en su primer intento. El objetivo estaba claro.
Pero llegó el 2020. Pandemia. Incendios en California. Restaurantes cerrados. Todo en pausa.
Sin embargo, Braida no frenó: estudió más, dio catas, armó grupos de estudio online, volvió a Napa para practicar servicio en Press Restaurant junto al Master Sommelier Vincent Morrow y luego se trasladó a Dallas para entrenar cata a ciegas en Monarch con Nicole Nowlin, una de las directoras de vino más respetadas de Texas.
En agosto de 2022 rindió su examen para Master Sommelier. Y aprobó.
Pin dorado: primer argentino Master Sommelier.
Un regreso que es una puerta (y un proyecto)
Con el impulso de la CMS, Braida decidió articular este regreso de manera seria y sostenible. Se contactó con el sommelier y periodista Alejandro Iglesias y juntos decidieron contactar a Marina Beltrame, pionera en la formación profesional local y fundadora de la Escuela Argentina de Sommeliers, la institución adecuada para recibir a la Court en Argentina.
Así, el Introductory Sommelier Course and Examination se realizará los días 2 y 3 de junio en la EAS. Además, se ofrecerán actividades complementarias para quienes ya cuentan con algún nivel de la CMS: encuentros de actualización, reencuentro con Masters Sommeliers y orientación sobre los próximos pasos del programa en el país y la región.
¿Por qué importa que la CMS esté en Argentina?
Porque no es un curso más. Es un sistema de estándares.
“La Court no solo enseña vino. Enseña servicio, gastronomía, gestión, cultura profesional y humildad. No busca genios aislados, sino profesionales sólidos, consistentes y confiables”, resume Braida.
La CMS expone a los sommeliers locales a una lógica global. Les permite competir, dialogar y trabajar de igual a igual con profesionales de cualquier mercado. Eleva el piso de toda la industria.
Hoy: formar, asesorar y multiplicar
Hoy, además de ser Master Sommelier, Braida desarrolla consultoría en gestión de restaurantes y programas de bebidas, asesora colecciones privadas de vinos y dedica una parte central de su tiempo a la formación de futuros aspirantes a Master Sommelier.
Dicta cursos de la Court of Master Sommeliers en Estados Unidos y en distintos países, participa en programas educativos, tutorías y entrenamientos, y acompaña a nuevas generaciones en el mismo camino exigente que él recorrió.
Su rol ya no es solo el del profesional que alcanzó la cima, sino el del formador que construye el sendero para otros.
No es solo saber de uvas
El gran error es pensar que la CMS es solo memorizar regiones y variedades.
“No es un examen. Es una inmersión total en la cultura del vino: historia, geografía, ciencia, servicio, hospitalidad y negocio. Todo junto. Todo exigente”, explica Braida.
Por eso no es solo para quienes ya están en restaurantes de lujo. Es para quienes tienen amor profundo por el vino y ganas reales de crecer.
La próxima generación ya está en el aula
La sommellerie argentina creció mucho en las últimas dos décadas: se volvió más visible, más diversa, más creativa. Ahora tiene la chance de volverse también más rigurosa, más internacional y más respetada.
En junio, cuando Braida esté en Buenos Aires tomando exámenes, compartiendo su experiencia y reencontrándose con la comunidad local, no estará solo evaluando copas. Estará ayudando a definir el próximo capítulo de la profesión en el país.La pregunta no es si la Court va a cambiar algo.
La pregunta es quiénes se van a animar a estar a la altura… y a sentarse en esa aula el 2 de junio.