Se sabe, la medialuna es una de las tantas pasiones argentinas: las adoramos con el café con leche, con mate en un desayuno o una tarde de estas de encierro o en la parada técnica a Mar del Plata que ahora, cuarentena mediante, añoramos. La medialuna siempre está.

Pero ¿cuántas veces hemos visto hermosos cartelitos que dicen “croissant” (escrito en buen francés el mejor de los casos) sobre una tentadora y brillosa medialuna de manteca? Y entonces nos preguntamos: ¿de qué va la diferencia entre croissant y medialuna?

Señoras y señores, llamemos a las cosas por su nombre.

Que tengan forma similar, estén elaborados a base de harina, manteca, leche, levadura y sal y se disfruten más o menos en los mismos momentos, no indica no haya diferencia entre croissant y medialuna. Ambos llevan masas laminadas (se obtienen al intercalar capas de masa y manteca); se cortan en triángulos y se enrollan para hornear.

Las medialunas se doblan para darles su forma típica y los croissants originalmente también, aunque ahora se los encuentra rectos, como un vigilante. Aun así, no son lo mismo. Hagamos zoom en todas sus características; veamos una por una sus variantes y luego comamos unas y otros con absoluta felicidad.

Las típicas medialunas de manteca argentinas

Hablamos aquí de esos ejemplares gorditos y brillosos que se exhiben en los ahora paradisíacos mostradores de las panaderías y confiterías: están hechas, como se dijo, con una masa laminada que es enriquecida con huevo y azúcar.

Observá: son amarillas, están pintadas con almíbar y están encadenadas unas con otras (se “tocan” en el horno y hay que luchar con la pinza para separarlas del resto). Tradicionalmente, el almíbar es saborizado con piel de naranja, aunque cada panadería tiene su librito.

¿Cómo se sienten en boca? Son tiernas por fuera y por dentro, aquí no hay crocancias porque al ser embebidas en almíbar pierden el efecto del laminado. El resultado es una pieza de bollería, y por eso se cree -aunque no hay documentos al respecto- que estas medialunas son una adaptación de la masa danesa, la clásica masa de panadería que lleva huevo.

¿Cuándo una medialuna es de mala calidad? Fácil, cuando se reemplaza la manteca por margarina y se utilizan colorantes para lograr ese color amarillo característico del huevo. ¡No comprarlas! ¡Ni en cuarentena! ¿Pero entonces la diferencia entre croissant y medialuna dónde está?
diferencia entre croissant y medialuna

Monsieur croissant

El señor croissant merece el siguiente análisis:
¿Un croissant es amarillo? No. ¿Por qué? Porque no lleva huevo.

¿Un croissant es brilloso? No, porque al salir del horno no se embebe en almíbar ni nada que se le parezca. Justamente esta es la razón por la cual conserva el laminado y el resultado es bien crujiente por fuera y, por dentro, se aprecian perfectamente las capas de hojaldre.

¿Un croissant debe ser despegado de otros croissants? No, sus bordes no se “tocan” en el horno. Son solos, solitos ellos también en su aislamiento, derechitos (no en forma de medialuna) y resultan una delicadeza en boca.

Además, se trata de una masa neutra en sabor, por lo que pueden ser dulces o salados según el relleno. Un clásico de la viennoiserie francesa es el croissant de almendras, que sí o sí se hace con un croissant del día anterior.

El origen de su creación tiene distintas versiones, aunque la más difundida es que fue en 1683, cuando los turcos sitiaban Viena, que los panaderos y pasteleros vieneses escucharon, por trabajar de noche, cómo los turcos cavaban túneles para entrar en la ciudad. Dieron la voz de alarma y así evitaron el asalto. Cuando los otomanos fueron vencidos, Juan III Sobieski otorgó a los panaderos el honor de fabricar un bollo que inmortalizara el acontecimiento. Así nació el Hörnchen (“cuerno pequeño”, en alemán), en alusión a la luna en cuarto creciente que adorna la bandera turca. María Antonieta, que era austríaca, lo llevó a Francia cuando se mudó a la corte en 1770 y hoy es un emblema de los desayunos galos de norte a sur.

La hermana grasosa

¿Y qué pasa con las medialunas de grasa? Parece que son una especie en extinción. Dicen los expertos que cada vez se elaboran menos porque su preparación es mucho más costosa (no solo en procedimiento, sino en términos económicos). Esta medialuna más chatita y compacta se hace a partir de una masa elástica que tradicionalmente se empasta con grasa vacuna. “Debe ser finita, con patas o puntas largas”, dicen los panaderos. La masa y la grasa tienen sal, de ahí su clásico sabor salado. Para que sean dulces, es necesario pintarlas con almíbar.

Listo, ya tenés herramientas para diferenciar unas de otros. Ahora, aprovechá bien tu salida y a comer.